El arte no tiene por qué depender siempre de la técnica. Este genio autodidacta empezó a componer a los 10 años y con 20 publicó uno de los discos más grandes de la historia: Tubular Bells. Nada más que su amor por la música hizo que llegase a componer las obras de arte que compuso. Sin prejuicios, sin importarle en exceso la técnica, sólo la justa para hacer lo que él necesitaba.

Probablemente muchos dirán que con más técnica habría hecho cosas mejores, y quizá sí, pero dejando al lado los argumentos de la razón, el HECHO es que su creatividad y su música son únicas. Disfrutad este vídeo.


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