BUSCANDO DEJAR UNA HUELLA

Realmente creo que toda persona que alguna vez ha decidido profesionalizarse en alguna disciplina, ha pensado en dejar una huella histórica; hacer un aporte que de alguna manera haga crecer aquello que nos apasiona y sirva de guía para futuras generaciones. 

Así mismo, también es una realidad que en el ámbito de las artes, las deserciones son sumamente frecuentes. Tanto alumnos como profesionales activos, en algún momento sufren alguna desilusión que los lleva a echar los sueños por la borda. Por otro lado, también existen esas historias increíbles de gente que superó todo tipo de adversidad y logro colocar una estrella brillante en el firmamento artístico. 

¿Cual es la diferencia entre estos dos tipos de personas? La anterior es una pregunta que me hago desde hace varios años; la respuesta es muy variada, de manera tal que compartiré en este escrito algunas de las observaciones y conclusiones a las que he llegado tanto de lo que nos aleja, como de lo que nos acerca a nuestros objetivos. Esto producto de un largo camino entre altas y bajas, caer y levantarse, desistir y recomenzar, siempre intentando localizar ese elemento que nos permita escribir nuestro nombre en la historia; ese sendero por el que nunca dejaremos de andar y que nos permite renovarnos constantemente.

Primeramente, he notado que es común que surjan emociones y circunstancias ajenas a nuestro control, durante el proceso formativo y/o práctico de la actividad musical. Esos sentimientos giran en nuestras cabezas tomando la forma de palabras e imágenes que nos gritan y señalan de forma acusadora; actúan como un software invasor de nuestro cerebro y lo atacan incesantemente a modo de virus electrónico hasta crear daños profundos. Específicamente, me refiero a esas frases que podemos escuchar internamente y que quieren convencernos de cosas tales como que nunca seremos grandes músicos; o está incluso aquel bicho que dice que al dedicarnos a la música moriremos de hambre; uno de los que suele atacarme constantemente, es el que me achaca la edad y quiere hacerme creer que solo los niños y adolescentes pueden hacer una verdadera carrera musical, por ende, las personas mayores de veinte años simplemente se han quedado atrás; bueno, existen una infinidad de estos acusadores. Aunque todos son creados por nuestra mente, estos polizones emocionales pueden llegar a convertirse en verdaderos monstruos devoradores de almas capases de absorber hasta la última gota de vitalidad; es por ello que debemos aprender a enfrentarlos y si es posible incluso a eliminarlos. 

Sin embargo, pocos son los que deciden verse cara a cara con sus creencias, antes tendemos a escapar; creamos fortificaciones vacuas que no hacen más que deformar el ser; el resultado es una obra contaminada vacía e incluso muerta, o en el peor y desafortunadamente mas común de los casos, abandonamos nuestra vocación de artistas y nos convertimos en una marca del montón perdida en el grueso de la población.

Todo lo anterior, muchas veces suele convertirse en nuestro pretexto favorito para no llevar nuestra obra hasta el final, o simplemente, enterremos nuestra misión de vida en algún lugar profundo de nuestro subconconsciente, o como les sucede a los más débiles, ni siquiera nos atrevemos a conocer el por qué de nuestra existencia artística. En este punto, es común escucharnos culpar al mundo por nuestras circunstancias y tratamos de poner nuestra responsabilidad en las manos de la sociedad, la religión, el gobierno y resulta que todos son culpables menos nosotros. Incluso y creo que es la mayor constante, la ilusión de vivir una vida auto destructiva de rockstar sacada de alguna película barata de Hollywood también es gran pretexto para terminar nuestras vidas adormecidos y cada día mas absortos en un autorencor escondido bajo una máscara fiestera; o tal vez muchos jóvenes queremos seguir los pasos de nuestros ídolos y al centrarnos más en la parte divertida que en la que conlleva el verdadero esfuerzo, terminamos perdidos en el inmenso mundo de la mediocridad dentro del arte. 

Y es que ciertamente, impresiona el desfile brutal de artistas que abanderan el pesimismo, la tristeza, el odio propio y de más estados mentales que son sumamente dañinos. También es enorme la lista de los grandes músicos que bajo estos criterios han logrado forjar una carrera sólida; hablamos desde los tormentos de Bethoveen y Brahms, las úlceras y complicaciones por exceso de alcohol y eroina  de Charlie Parker y  los suicidios al estilo de Kurt Cobain; o que decir de la vida agitada de Caravaggio en las artes visuales, las tormentosas relaciones de Pablo Picasso, Basquead y su vertiginoso ascenso en el mercado del arte de la mano de su aterrador manejo de sentimientos personales. 

Bueno, es que también es cierto que en el arte deben existir la pasión, el desborde de sentimientos y emociones, expresión, la libertad por sobre todas cosas, pero entonces. ¿Cuál es el papel que juegan todas estas emociones o vivencias diarias en nuestra vida creativa? ¿Cómo hacen los consagrados para emerger de la auto destrucción y convertirse en leyendas? 

La respuesta a estas preguntas efectivamente resulta sumamente ambigua, y al no ser psicólogo o sociólogo difícilmente podré ofrecer una explicación oportuna a la forma de actuar y resultados comerciales que obtuvieron gente como Jim Morrison en el ámbito sobre todo comercial, o el mismo Jimi Hendrix quien realizó aportaciones profesionales al desarrollo técnico de un instrumento. Sin embargo, desde una perspectiva como músico activo desde hace ya casi dos décadas e historiador del arte recientemente egresado, puedo elaborar una opinión basado en la observación histórica de la constante relación entre los conflictos emocionales y la producción artística. Tal vez analizando estos aspectos, podemos tomar de estos genios ese escurridizo elemento que los lleva a realizar música que marca el ritmo de la historia y no solo quedarnos con la fachada del gran edificio que está construido a sus espaldas.

Para entender esta situación, primero debemos darnos cuenta de que como seres sintientes que viven en una sociedad, estamos constantemente expuestos a una serie de estímulos que alimentan el ego y que muchas veces conducen a estados mentales como la depresión o la egolatría; ambas provocan distorsiones de la realidad de las cuales debemos tener especial cuidado; es fácil ver como logran convertirse en la piel del espíritu humano robando la libertad creativa y propiciando una existencia pesada y casi imposible de cargar; sin duda un acto de auto flagelación y símbolo de decadencia. Tomando en cuenta esto, es necesario también tener consciencia de que al ser seres sociales, automáticamente nos convertimos en individuos culturales y que a la vez el arte es hija de nuestra cultura. Existe una relación dialéctica entre el objeto artístico y su contexto social, histórico y cultural ya que uno tiene influencia en el otro a modo de una rueda que gira impulsada por sí misma. Por lo tanto, si en nuestra cultura existe la necesidad de sentir una liberación la cual se basa en las experiencias extrasensoriales y/o estados alterados de consciencia, sea cual sea la vía para lograrlos, es normal que el arte encierre en su universo todas las herramientas existentes para lograr tal cometido, es necesario entregarse a la experiencia estética y la consecuencia de esta vivencia, es la liberación de la que venimos hablando. 

Cabe aclarar que no estoy alentando al uso de de drogas, de hecho, en lo personal no soy partidario de ellas, pero tampoco podemos negar su existencia. Pienso que la obra de arte en sí misma, encierra la capacidad de impactar psíquica y físicamente al sujeto frente a ella. Por ejemplo, el concepto de catarsis inducida por la tragedia (como obra teatral) en Aristóteles, considero que es el mejor ejemplo; a grandes rasgos, el filósofo dice en su obra, "La Poética" que la razón por la cual el espectador se identifica con el héroe trágico es porque existe entre ambos, una pertinencia empática entre la desgracia y sufrimiento del protagonista a causa de su falta hacia los dioses; el clímax de la obra se da cuando el público experimenta una especie de revelación casi divina que los lleva a una reflexión existencial profunda; todo desemboca en un sentimiento de liberación el cual es en sí mismo la catarsis, es decir, ese instante de libertad que tanto hemos mencionado y al que aspiramos como sujetos estéticos. Por su parte, Arthur Schopenhauer, pensaba que la música era un medio por el cual los humanos podían contrarrestar el sufrimiento que conlleva la existencia. Ahora, tanto Aristóteles como Schopenhauer parten de una posición de espectador, pero también podemos estar seguros de que la facultad liberadora del arte también incluye y al creador, simplemente para Beethoven la música supone una revelación superior a la de cualquier filosofía. Por eso, en el arte podemos ver pasiones desbordadas pero éstas son solo parte de la obra, no la controlan; es la obra quien controla a estas emociones. De aquí surge  lo que Nietzsche llamará por medio de Zaratustra, el "espíritu libre". Además de todo esto, soy un fiel creyente de que los resultados extraordinarios como artista son producto de la cantidad de horas y estrategias que empleamos para lograr objetivos específicos; este trabajo lleva a que el acto de crear música sea natural, que resulte tan cotidianos como hablar o caminar; posteriormente, si logramos convertir nuestra tarea en un que hacer espiritual, probablemente encontraremos una revelación.  Lo que hace que las obras cobren  vida propia y trasciendan la historia, no depende del consumo de drogas por parte de autores y público, sino de un trabajo, actitudes y estados mentales específicos. A continuación, mensionaré algunas propuestas sobre las características y trabajos internos que debemos experimentar para pretender llegar a ser grandes artistas. 

1.- El control de las emociones.
Es mucho mas fácil escribirlo que hacerlo. Como lo dije anteriormente, es normal que en el día a día ocurran cosas que nos pongan con la cara al piso, absolutamente a todos nos pasa, incluyendo a Jason Becker por ejemplo. El señor al ser diagnosticado con esclerosis múltiple, lo que hizo fue concentrar su energía en vivir y con base en su gran pasión por la música, logró seguir componiendo logrando "Perspective"  el cual es uno de mis discos favoritos incluso antes de saber sobre la enfermedad de Becker. La idea es, darnos cuenta de que por muy difícil que sea una situación, siempre existe una forma de tomar toda esa energía y descargarla en algún producto artístico; un disco, una pintura, una película etc. Así que la próxima vez que suframos una decepción o cualquier golpe inesperado de la vidaen lugar o luego de perder la conciencia entre estupefacientes, tomen su instrumento y seguramente fluirán diversas ideas para componer, créanme, no existe mejor medicina.

2.- Profesionalismo.
Aún cuando recién se aprende a tocar un instrumentoconsidero importante que los alumnos adopten actitudes profesionales desde el principio. Podemos partir poniendo atención en detalles como llegar a los ensayos a la hora pactada y con el material a ensayar bien trabajado, evitar hacer ruido o tocar entre canciones durante el directo, tener conciencia de que una banda funciona como un gran instrumento conformado por muchos elementos y no como diversas individualidades que buscan la forma de destacar, acostumbrarnos a cambiar las cuerdas como mínimo una ves al mes, mantener en forma el instrumento, debemos también hacernos el hábito de cobrar y acostumbrar al público a pagar por nuestro trabajo y siempre hacer lo necesario para sonar como debe ser; el hecho de ser poco conocidos o la existencia de la famosa frase, "se darán a conocer" no es pretexto para realizar eventos que causen lástimas. 

3.- Compromiso.
Este debe ser un compromiso total primero con nosotros mismos como artistas y luego con nuestros compañeros de trabajo. Por lo tanto, es nuestra obligación mantenernos en constante crecimiento, asistir a clinicas, tomar clases con diversos maestros, componer constantemente, tratar de tocar el repertorio lo mejor posible. Así mismo debemos cuidar el no quedar mal en ningún trabajo o proyecto, siempre deberíamos intentar dar el 100% de nosotros y eso se verá reflejado en cada composición, presentación y donde sea que nos paremos a rocar.

4.- Dedicación, constancia y una percistencia inquebrantable.
Como pueden darse cuenta todos los puntos se relacionan entre sí, ahora, volvemos a las horas de estudio, que si bien tampoco hay que excederse, deben ser lo mas provechosas posibles, igualmente el tiempo de ensayo debe ser bien planeado y principalmente, se debe tener una determinación del tamaño del universo para no desesperar, los pasos sueñen ser pequeños y a veces imperceptibles, pero siempre existen. A veces la vida se juega en un segundo, a veces un centímetro hace enormes diferencias, por lo tanto, hay que procurar caminar aunque sea dando pasos muy pequeños. No obstante, el elemento principal de este inciso, es la persistencia. No importa cuantas veces caigan, los grandes siempre se levantarán, y cuando las cosas se ponen mas difíciles, es cuando más empuje debemos tener. La característica de los gigantes del arte, es que mientras contaron con vida, jamás dejaron de hacer lo que su convicción les indicaba que era su propósito de vida, es decir, crear arte. Si nuestra misión existencial es hacer música, nuestro deber es hacer música hasta el final, no importa si se es famoso, el dinero, etc., lo importante es cumplir nuestro plan divino. Un ejemplo de esto es Vicent Van Gogh, les invito a leer su biografía.  

5.- El trabajo como principal carta de presentación. 
He visto, que una de las características que tienen en común los grandes maestros es precisamente que son los resultados los que hablan por ellos. Es verdad que una de las reglas del mercado es la exposición frecuente de la marca o producto, así como también es cierto el hecho de que las recomendaciones de boca en boca son más efectivas y creíbles que cualquier monólogo que pudiéramos ofrecer. Ademas, siempre será mas profesional ser recordados por nuestra música y no por desfiguros o la fama de ser el bebedor más veloz del condado. 

6.- Encontrar nuestra verdadera voz.
Partiendo del concepto anterior que se refiere a encontrar nuestro nicho dentro de la música, podemos encontrar también nuestra verdadera voz. Considero que este es el punto más importante. Lo que caracteriza absolutamente a todos los músicos que han dejado huella en la historia, es que todos ellos tienen un sonido característico, una forma de frasear única y en definitiva una manera de pensar la música sumamente personal. Esto no se logra solo practicando interminables horas; tampoco se trata de la guitarra o amplificador que estamos utilizando. Esto es algo mucho más emocional y espiritualaquí es donde la experiencia puede ayudarnos de manera muy valiosa ya que solo tocando podemos encontrar esa voz. Alguna vez Steve Vai decía que su tono suele estar en constante cambio debido a los diferentes gear que ha utilizado a lo largo de su carrera, sin embargo, lo que jamás cambia es la personalidad; esta personalidad es la voz verdadera. También recuerdo un documental sobre Terry Clark "step kep on step" en donde constantemente hacen referencias sonido tan único y propio que el trompetista había logrado conseguir; así mismo.

7.- Vivir y hacer una gran colección de experiencias.
Como lo dije, el estudio y el desarrollo técnico son parte esencial, sin embargo, si no hay algo que contar, difícilmente lograremos dar a luz un producto cargado de matices y emociones que sea capaz de estremecer a la escucha. Así que disfrutemos del proceso que significa vivir, los éxitos, los fracasos, los viajes, los amores, las comidas y cualquier cosa que sea capaz de erizar nuestra piel y poner nuestras almas al borde de la locura. En síntesis, entregarse a la locura de vez en cuando será un gran combustible para nuestro artista interno. Entonces luego de estudiar nuestra rutina diaria, compremos boletos para el teatro, o posiblemente podremos practicar algún deporte extremo o simplemente dar rienda suelta a las pasiones por un momento.

Finalmente, la realidad es que el artista es solo un medio para que el arte pueda ver la luz, de ahí la tendencia en el arte contemporáneo sea poner tanta atención en procesos, ideas o conceptos. El producto final es una consecuencia lógica de una serie de acciones. En la música esto es evidente ya que al ser un arte del tiempo, es el sonido el que nos va guiando por distintos momentos hasta llegar a un punto de tención que se transforma en un climax, al finalizar la pieza encontramos un descanso, en otras palabras, somos testigos de ese proceso, ya que la creación no termina cuando el compositor pone las barras finales en la partitura, sino que cada interpretación es una nueva creación. Para lograr tanto una composición, como una interpretación transcendentes, nuevamente debemos tener cuidado en un proceso, pero en este caso es el formativo, de este proceso dependerán el número de herramientas  disponibles para la creación. 

En cuanto a la inspiración y la forma de inducirla, evidentemente cada quien puede hacer con su vida lo que sea que elijan, sin embargo, es un hecho que será muy difícil concretar resultados si no se está consciente la mayor parte del tiempo; así mismo, el gasto de energía siempre se administrará mejor aprendiendo a dar a las cosas su lugar y tiempo y lo mas importante, tener control total de nuestro cerebro, nuestras mentes dependerán principalmente de nosotros y no de la suerte o la visión de algún vival que sepa explotar los atributos ajenos. Así que continuemos trabajando; pongamos nuestra alma en cada nota que toquemos y comencemos a construir un gran castillo. 

NÉSTOR GUADALUPE HERNÁNDEZ ÁVILA


Reacciones:

1 comentario :

Octavio Saucedo dijo...

Me parece un gran análisis sobre algunos aspectos sociales y culturales de la sociedad moreliana y que puede ser observado en otras regiones. Estoy completamente de acuerdo con los puntos 6 y 7, pero, no significa que mantenga una posición contraria en todo lo demás. Felicidades por el artículo Nestor, te estaré siguiendo. Saludos.

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